Fue EL caso de secuestro en Perú a inicios de siglo, allá por 2003. Lo tuvo todo (ver cronología día a día).
Protagonista adolescente. Rapto vil (se lo llevaron cuando iba de camino al colegio) y encima mal hecho (se equivocaron de víctima). Petición millonaria de rescate (justamente un millón de dólares, que luego bajaron a 200.000). Un vídeo casero como prueba de vida.
Nada menos que 39 días de cautiverio para que los medios acompañen el crescendo dramático. Y vaya si lo hicieron.

Primero publicando la foto del cabecilla de los secuestradores, el Gringo Jorge Manuel Saravai, tras varias detenciones que llevaron a identificarle. Después, retransmitiendo la súplica de los padres de Luis Guillermo ante las cámaras dirigida a los captores.
Un rapto planeado desde la cárcel y combatido simbólicamente con lazos amarillos, como el que alguien colgó de la puerta de la familia Ausejo Torres.

La idea parte de Aprosec y se expande viralmente por las solapas de periodistas, autoridades y peruanos varios.

No faltan los rezos en masa ni las marchas por su liberación en todo el país.

Ni pistas falsas. Ni la llamada anónima delatora. Que lleva a detener a dos infaltables policías corruptos implicados en el caso, como mandan los cánones.
Hubo nervios, histeria mediática y llamado a la tranquilidad del ministro del Interior. Y una noche de octubre de 2003, Luis Guillermo Ausejo Torres es liberado en un terraplén de Barrios Altos, maniatado y con un pasamontañas en la cabeza.
Hubo reencuentro con la familia convenientemente filmado y fotografiado.
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Hoy el joven Luis Guillermo Ausejo Torres tiene una página dedicada a su caso, y hasta un perfil en Facebook. Le fue mejor que a otros: cinco meses después, en Argentina el estudiante Axel Blumberg sufrió un secuestro muy similar y terminó con una bala en la cabeza.
Y ahí está Luis Guillermo, bien chiquito en la foto del header y despachado en tres frases del libro.
¿Crónicas de un pasado remoto? Por favor, lean los titulares de esta semana en la sección policiales de los diarios argentinos…













