Sentencia en el caso Canillas

Había que estar en la Argentina de 2002: la de después de la devaluación, del corralito financiero y de tantas pésimas noticias, cuyo espectro parece revivir en los sobresaltos de la crisis económica actual.

Ese año marcó el final y el inicio de muchas cosas. Por ejemplo, el final de la corta vida de Juan Manuel Canillas a manos de la llamada banda de los secuestradores VIP (llamados así porque viajaban en 4×4). Dos de los cuales acaban de ser condenados a cadena perpetua.

A Juan Manuel lo mataron en julio de 2002, el mismo día en que tres hombres lo capturaron en su propio coche y le obligaron a llamar a sus padres. Cuando el vehículo llegó a la casa de éstos en el barrio porteño de Núñez, uno de los tres captores golpeó a su padre porque sólo habían logrado reunir 700 pesos. Minutos después se llevaron a Juan Manuel a Vicente López, donde le hicieron arrodillarse y lo asesinaron de un tiro en la espalda.

Fue un 12 de julio de 2002. Los secuestros extorsivos y exprés aún sorprendían, como sorprendía ver a los cartoneros, o a niños revolviendo basura o pasados de paco (pasta base) en Buenos Aires. Todas ellas cosas de todos los días en 2008: este mes, por ejemplo, se hizo público que la provincia de Buenos Aires registra un secuestro cada 55 horas.

Juan Manuel fue la primera víctima mortal de un secuestro en la Argentina post-default. Hubo protestas, se lo recordó, y luego vinieron otras víctimas, y otras, y otras más. Hoy sus padres celebran la sentencia, al mismo tiempo que en la Plaza de Mayo se hacía la cuarta marcha de vecinos del conurbano bonaerense ante la enésima crisis de inseguridad.

Juan Manuel no está. Sus captores pasarán su vida entre rejas. Pero en cierto modo, si uno mira atrás, todo sigue igual o peor. Lo que ayer escandalizaba hoy casi aburre. Los debates y declaraciones son los mismos año tras año (lean el libro). Los problemas de raíz siguen, y ya no hay shopping que los tape. Juan Manuel fue el primero de tantos. Y pensar que en 2002, con lo nefasto que fue, los argentinos estaban mejor que ahora.

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