Abilio Diniz y la conexión Chile-Canadá
Cuando uno se encuentra con casos como el de Abilio Diniz, todas las horas dedicadas a este blog cobran sentido. Porque una cosa es leer esta historia resumida en el capítulo sobre el secuestro en Brasil de nuestro ignoto libro. Y otra es complementar la información con un post relleno de fotos y links, que dan una idea cabal de la importancia del episodio en Brasil y en el extranjero, de sus ramificaciones y de lo que se escribió en su día sobre el mismo. Así da gusto.
El empresario Abilio Diniz es el dueño del emporio de supermercados Grupo Pão de Açúcar, y de la octava mayor fortuna de Brasil en 2007 según la revista Forbes. Ya era millonario el 11 de diciembre de 1989, cuando varios hombres lo secuestraron de camino a su oficina en São Paulo. Usaron una falsa ambulancia para bloquear su vehículo, y exigieron 30 millones de dólares por su libertad.
La policía detuvo a seis implicados en pocos días, y tras un cerco de 36 horas los diez secuestradores (cuatro chilenos, tres argentinos, dos canadienses y un brasileño) se rindieron el 17 de diciembre. El propio Diniz recuerda aquellos días en su autobiografía, de la cual aquí se pueden leer algunos fragmentos.

Los autores del secuestro pertenecían al chileno Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Años después se vinculó al MIR con el secuestro del publicista brasileño Washington Olivetto, un caso que comparte muchas similitudes con el de Diniz y del cual hablaremos más adelante. Los responsables del cautiverio de Diniz fueron condenados a penas entre 26 y 28 años de cárcel.
La cosa no terminó aquí. En 1998, los sentenciados iniciaron una huelga de hambre de 46 días, la más larga habida en Brasil hasta entonces. Incluso el hoy premier brasileño Lula da Silva visitó a los presos, intercedió por ellos ante el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso y debió soportar críticas a su partido. El mismo Lula recordó aquellos días ante Diniz, durante el 60 aniversario del Grupo Pão de Açúcar en 2008 (ver artículo publicado en Folha de São Paulo).
Diez años después del caso, varios ex miembros del MIR recordaron el caso Diniz en un artículo publicado en Istoé. Pero la campaña de victimización de los secuestradores fue más lejos: se verá más adelante en el caso Olivetto, y lo veremos ahora con la pareja de jóvenes canadienses de clase media alta implicados en el caso.

Los canadienses implicados (foto: Veja)
Christine Lamont y David Spencer contactaron con grupos de izquierda guerrillera en Centroamérica durante la década de 1980, después de lo cual se implicaron con el grupo del MIT que llevó a cabo el rapto de Diniz. Ambos pasaron casi una década en el mítico penal de Carandiru, hoy derruido, y sin dejar de proclamar su inocencia a los medios de ambos países
No les fue mal. En 1998 el gobierno de Cardoso firmó un acuerdo de intercambio de presos entre Brasil y Canadá, y ambos fueron extraditados a su país natal. Fueron liberados a los tres meses, y desaparecieron del mapa. Folha publicó en su día que la pareja vivía felizmente con nombres falsos en las afueras de Vancouver, donde estudiaban en la universidad y trabajaban en la industria cinematográfica local.
Sin embargo, ni Spencer ni Lamont eran inocentes. Basta leer las pruebas aportadas en el premiado libro See No Evil publicado por la periodista canadiense Isabel Vincent, que le hizo ganarse la antipatía de una prensa local empeñada en la inocencia de la pareja. En 1996, la propia Christine Lamont confesó que tanto ella como Spencer participaron activamente en el secuestro de Diniz. Ya sea víctima o victimario, ser extranjero marca la diferencia a la hora de hablar de secuestros en América Latina.