El secuestro en Latinoamérica

Los ojos de la víctima

El secuestro de Clara Rojas y su hijo Emmanuel

Lo que sigue son fragmentos del libro El secuestro en Latinoamérica relativos al caso de Clara Rojas, secuestrada junto a Ingrid Betancourt en 2002, y a su hijo nacido en cautiverio Emmanuel. En el post sobre Betancourt se relata cómo fue el secuestro en sí; aquí se recuerda la noticia de la maternidad de Clara y su liberación.

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En enero de 2008 no lograron liberar a Ingrid, pero sí a la abogada que compartía fórmula electoral con ella. Hemos llegado a la larga, terrible y maravillosa historia de Clara Rojas y de Emmanuel, su hijo concebido y nacido en cautiverio.

Fue el periodista Jorge Enrique Botero (ex director de noticias de Telesur, el canal televisivo impulsado por el presidente venezolano Hugo Chávez) el primero en mencionar la existencia del niño —aunque aún no se sabía su nombre— en su libro Últimas noticias de la guerra, publicado en 2006. Mezclaba testimonios reales con puras ficciones: cosas como que el bebé nació en medio de un bombardeo tras un parto con cesárea, sin anestesia y realizado con un cuchillo de pelar patatas. Habría sido fruto de la relación consentida de Clara con un guerrillero dos años atrás, algo que las FARC tienen prohibido a sus tropas. Sin embargo, en el libro el histórico líder Manuel Marulanda afirmaba que “la criaturita es mitad de ellos y mitad de nosotros”. La abuela del bebé, Clara Fernández de Rojas, le responderá molesta: “No existe un ellos ni un nosotros, sino que todos somos colombianos”. Tras la publicación del libro, un comunicado de la guerrilla confirma que Emmanuel existe.

Pasó un año, sembrado de varios casos de fuga de secuestrados en Colombia. El policía John Frank Pinchao fue uno de ellos. Pasó 17 días de mayo de 2007 perdido en la selva hasta que apareció en un sector de Tacoa: fue el final de sus ocho años de cautiverio, y cuatro sin tener noticias de él. Pinchao, que estuvo con Ingrid Betancourt y Clara Rojas, reveló el nombre del niño: su madre, asidua lectora de la Biblia y el Corán, probablemente recordase un salmo del Antiguo Testamento que dice: “Ven, Emmanuel, y rescata al cautivo Israel”. Cautivos y guerrilleros le cosieron ropa a mano al recién nacido, que al poco tiempo fue separado de su madre y tomado a cargo de las FARC. Sobre el padre Pinchao oyó rumores de que fue depuesto o ejecutado por la guerrilla, pero no sabe más. De hecho, una vez liberada, la propia Clara evitará dar detalles sobre la relación que engendró a Emmanuel.

Al momento de la fuga de Pinchao, se calculaba que 92 niños fueron raptados en Colombia durante 2006, bastantes menos que los 298 de 2002. El total de niños y adultos secuestrados se cifraba en unos 3.100. Pero que una rehén quedase embarazada durante su cautiverio en medio de la selva era otra cosa. Además, Clara tenía 40 años y era primeriza. En una larga y fantástica entrevista con el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince publicada por Clarín en mayo de 2008, ella misma recuerda la preocupación que la noticia causó en el campamento guerrillero, y cómo se negó a revelar quién era el padre. Junto a Ingrid había intentado fugarse cinco veces, pero ambas terminaron encadenadas: ahora le dijeron que si volvía a hacerlo el niño pagaría las consecuencias.

Escribió cartas y más cartas a la Cruz Roja y al secretariado de las FARC, hasta que le quitaron el bolígrafo. A los siete meses la apartaron del resto de rehenes para que estuviera tranquila. En el corral de los animales, entre gallinas y cerdos, Clara descansó hasta que dio a luz. Como ella dice, “Emmanuel nació como en un pesebre, los dos estamos vivos de milagro, y yo solamente le puedo dar gracias a Dios”.

Su llegada al mundo no fue nada fácil. El médico nunca llegó, Clara no dilató bien y tras 36 horas de parto estaba exhausta. El 16 de abril de 2004 los guerrilleros pidieron permiso para hacerle una cesárea, el secretariado se lo dio, y le mostraron a Clara un libro de medicina donde se explicaba cómo se hacía. Antes de anestesiarla, un enfermero le aseguró que había estudiado medicina y sólo le faltaba el juramento hipocrático. Tenían hilo quirúrgico pero no bisturí, así que desinfectaron cuchillos con agua, jabón, fuego y alcohol. Clara despertó cinco o seis horas después, y todavía la estaban acabando de coser. Le mostraron a Emmanuel, y le dijeron que el niño estaba bien.

Después del parto Clara sufrió fiebres muy altas por una infección, y los antibióticos tardaron cinco días en llegar. Madre e hijo estaban muy flacos, tanto que ese mes de abril bordearon la muerte. Clara recuerda en Clarín: “Teníamos tanto frío que nos metieron en un sitio cerrado en madera, que era donde ellos tenían la enfermería, y todo el mundo prestó cobijas y toallas y con eso hicimos unas cortinitas para que no entrara tanto frío. Ni había ni leche en polvo y lo que le daban al niño eran goticas de aguapanela. Además del frío, él tenía el brazo suelto, desgonzado. Un día una guerrillera me llevó una ropita bordada; no me dijo quién me la mandaba pero yo reconocí las puntadas de Ingrid. Le puse esa ropa al niño, todavía la guardo como un tesoro”.

A los veinte días varios helicópteros sobrevolaron la zona, y decidieron levantar el campamento. Clara iba en camilla: intentó caminar, pero se desmayó y cayó en el barro a los pocos metros. Se le abrieron varios puntos, y tuvieron que cosérselos sin anestesia.

A los ocho meses, le dijeron a Clara que se llevaban a Emmanuel por quince días para curarle el bracito. Nunca le aclararon qué hicieron con él, y creyó que estaba en otro campamento o con alguna familia aborigen de la zona. Les pedía a los guerrilleros que entregaran a Emmanuel a la Cruz Roja o a su abuela. “Les preguntaba cómo podían tener a un niño como preso político”, recuerda: “En ese momento Bienestar Familiar ya lo había rescatado y lo tenían en un hogar sustituto de Bogotá, pero yo no lo sabía, nadie sabía, ni la guerrilla, que se había desentendido de él”. En efecto, las FARC entregaron a Emmanuel a un campesino del pueblo de El Retorno, que a su vez lo llevó al hospital bajo nombre falso. Ante los problemas de desnutrición y salud de Emmanuel, los médicos lo entregaron a ese organismo oficial de protección infantil, que lo tuvo en custodia desde 2005.

¿Cómo volverán a encontrarse madre e hijo? De vuelta a mayo de 2007, las revelaciones del fugado John Frank Pinchao sobre Clara y Emmanuel llevan al presidente Álvaro Uribe a pedirle a Pacho Santos Calderón que organice una campaña internacional, como la que esos días satura Europa de carteles de la bebé británica desaparecida Madeleine McCann. Uribe también anuncia que rescatará por la fuerza a los rehenes, hasta que los familiares de éstos le piden a Francia, España y Suiza que intercedan por ellos. El 22 de junio el mandatario colombiano todavía reafirma su intención primera, hasta que el 28 se hace pública una desgracia.

Las FARC anuncian la muerte de once de los doce diputados que mantenían secuestrados desde 2002. Fallecieron durante una ofensiva del Ejército al campamento donde estaban rehenes, que se realizó el pasado 18 de junio. El comunicado tiene fecha del 23. Sólo sobrevivió al fuego cruzado Sigifredo López, que no estaba presente en ese momento. Cuatro años antes, otra operación fallida de rescate terminó con la ejecución de diez rehenes: ocho militares más el gobernador Guillermo Gaviria y el ex ministro Gilberto Echeverry. Además, en enero de 2006 el capitán de la policía Julián Ernesto Guevara había muerto por enfermedad durante su cautiverio. Pero la muerte de estos diputados, secuestrados cinco años atrás a plena luz del día en la provincia sudoccidental de Valle del Cauca, cayó como un jarro de agua helada.

Hacía poco que el gobierno de Uribe había liberado a docenas de guerrilleros, incluido Rodrigo Granda, buscando ablandar su postura frente al intercambio de unos 50 secuestrados por 500 miembros de la guerrilla presos. Mientras los analistas se preguntan el papel jugado por los paramilitares ilegales de ultraderecha en la tragedia (teóricamente desmilitarizados tras un dudoso acuerdo de paz en 2004), la guerrilla no devuelve los cuerpos de las víctimas. El Tiempo habla de 1.269 muertos en cautiverio durante la última década. Y el 5 de julio, el presidente encabeza una manifestación en todo el país por la libertad de los secuestrados.

Vestidos de blanco y ondeando pañuelos, los colombianos rezan y hacen sonar campanas, sirenas, ollas. Colapsa el tráfico en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Santa Marta. Hay cadenas humanas, hombres y mujeres vendados y encadenados. Juanes canta Sueños de libertad y Volverte a ver. En Cali suman 400.000 personas: allí Carolina Charry, hija de un asesinado, critica públicamente tanto a las FARC como al gobierno. También hay actos en Madrid, Washington, Buenos Aires. El profesor de Bogotá Gustavo Moncayo, padre de un militar secuestrado en 1999, inicia por esos días una caminata solidaria de un mes y medio por todo el país, reuniendo un millón de firmas en 18 días para exigir un acuerdo humanitario. Cuatro días después de la marcha Fredy López, un policía que estuvo secuestrado, se suicida tras pedir repetidamente ayuda psicológica, quejándose del olvido en que cayó.

Paralelamente, las iniciativas civiles por la libertad de Clara Rojas y Emmanuel van creciendo. Se crean blogs muy concurridos como Libertad Para Emanuel, mientras Colombia Conexión organiza marchas virtuales contra el secuestro en el universo paralelo Second Life. Clara Fernández de Rojas, la madre de secuestrada más famosa en Colombia junto con Yolanda Pulecio, le escribe una carta a su nietito que recorre decenas de países buscando crear una cadena de mensajes por internet. También viaja a Caracas junto con otros parientes de víctimas de secuestro. Con su habitual soltura, Hugo Chávez la recibe y le dice: “Mira Clarita, vamos a salvar a Emmanuel. Pronto va a estar libre porque tiene que jugar con mis nietos aquí, en el Palacio de Miraflores”. Es el inicio de la negociación más mediática y polémica por la libertad de secuestrados en lo que va de siglo en el hemisferio sur.

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Una semana después, la página web de las FARC anuncia que, como desagravio a la figura de Chávez, liberarán a Clara Rojas, a su hijo Emmanuel y a la ex legisladora Consuelo González de Perdomo. Un equipo internacional de garantes supervisa la operación de entrega, prevista para fines de diciembre. Además de Néstor Kirchner, lo integran delegados de Brasil, Cuba, Francia, Ecuador, Suiza y Bolivia, más periodistas y personalidades como el director de cine Oliver Stone, dispuesto a realizar un documental sobre la liberación. Colombia acepta la Operación Emmanuel, que el mismo Chávez explica ante las cámaras: aviones y helicópteros con el emblema de la Cruz Roja viajarán desde Venezuela hasta la ciudad colombiana de Villavicencio, donde la guerrilla les dará las coordenadas del lugar donde estén los tres rehenes.

Todo arranca el 27 de diciembre, en medio de una enorme expectativa internacional. Tras varios días de espera, la mañana del lunes 31 las FARC suspenden la liberación porque la zona de la entrega está siendo bombardeada por el ejército colombiano. Por la tarde Álvaro Uribe, apartado de la operación hasta entonces, viaja hasta Villavicencio con una sorpresa bajo su guayabera de hilo blanco. No niega del todo la operación militar, pero dice a los garantes que las FARC mienten. ¿Por qué? Porque en realidad el niño Emmanuel no estaría en su poder. Lo habrían dejado en un orfanato dos años atrás, y estaría al cuidado de una familia de Bogotá con el nombre de Juan David Gómez. También afirma cosas como que el niño tiene signos de tortura en un brazo.

Lo de Uribe es una bomba. Chávez se indigna; los garantes abandonan la negociación sin un triste rédito político; Clara Fernández de Rojas y otros familiares se enteran de todo por televisión. A la semana, los análisis de ADN del niño coinciden con los de su madre. Y las FARC confirman la noticia.

Pero a la segunda va la vencida. El miércoles 9 de enero de 2008, Hugo Chávez anuncia sorpresivamente que ha recibido las coordenadas de la zona donde liberarán a Clara y Consuelo. Bogotá autoriza la operación. El jueves 10, dos helicópteros MI-17 con el emblema de la Cruz Roja parten del aeropuerto venezolano de Santo Domingo, y aterrizan en San José del Guaviare tres horas después. Al rato vuelven a partir, y reciben en el aire las coordenadas. El lugar: entre La Paz y La Libertad, cerca del municipio de El Retorno y dentro de la reserva natural Nukak. Cuando aterrizan, cerca de las once de la mañana, ahí están Clara Rojas, Consuelo González de Perdomo y varios guerrilleros, mujeres en su mayoría.

Peinadas y con camisetas nuevas, habían sido separadas del grupo dos días antes (Clara no sabía nada de Ingrid desde hacía tres años), y le habían informado a Clara que su hijo estaba en adopción. Mientras las cámaras de Telesur las filman despidiéndose de sus captores, el ministro del Interior venezolano Manuel Rodríguez Chacín, allí presente, llama por teléfono a Hugo Chávez. Éste pide hablar con ellas. Clara, con la foto de Emmanuel en el cuello, le dice: “Estamos volviendo a renacer”. Consuelo González le pide a Chávez en nombre de los otros cautivos que no baje la guardia. Los helicópteros despegan una hora más tarde: a las tres llegan a Santo Domingo, ya en territorio venezolano, donde Clara y Consuelo toman un avión hasta Caracas. Se cambian y maquillan en el vuelo. Al llegar Consuelo abraza a sus hijas y a su nieta de dos años, a la que no conocía; Clara hace lo propio con su mamá. Hay breves entrevistas radiales y en cinco minutos parten en camioneta al Palacio de Miraflores, donde Hugo Chávez las recibe a los besos. Tras una hora de recepción con himnos nacionales incluidos, las liberadas son llevadas al Hotel Meliá.

Emmanuel y Clara Rojas

Clara Rojas y Consuelo González también entregan cartas y pruebas de vida de una decena de secuestrados. Al día siguiente, un eufórico Chávez pide que eliminen a las FARC del listado de organizaciones terroristas de la Unión Europea, lo que no caerá nada bien en Colombia. Y el domingo 13, de regreso a Bogotá junto con su madre y su hermano, Clara Rojas se reencuentra con Emmanuel. Se ven por dos horas en una casa del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar al noroeste de la capital, lejos del tropel de periodistas que ocupan la sede central del organismo. Han pasado tres años y nueve meses separados. Un equipo de psicólogos ya había trabajado con el niño para explicarle este encuentro con su verdadera mamá. Madre e hijo se abrazan, cantan canciones, rezan juntos. “Me siento la mujer más feliz del mundo, y la más orgullosa con mi bebé Emmanuel. Está divino, tiene una mirada hermosa”, afirma Clara emocionada. Esa noche, por fin ambos dormirán bajo un mismo techo. Un último detalle: al igual que el perro del mito de Ulises, la perra de Clara Rojas reconocerá a su dueña tras años sin verla.

De los 24.000 secuestrados que hubo en Colombia durante la década 1996-2006 según publica El Tiempo (a manos de la guerrilla, de los paramilitares o de delincuentes comunes; las FARC son el grupo más activo, y el departamento de Meta el más castigado), hasta ahora sólo hemos hablado de un puñado. Y hay muchísimo más que contar. ¿Pero qué pasó desde que Clara y Emmanuel volvieron a dormir juntos hasta que Ingrid Betancourt hizo lo propio con Melanie y Lorenzo?

No empezó muy halagüeña la cosa. El día después de la liberación de Clara y Consuelo, las FARC secuestran al ingeniero Alberto Ruiz Cabarca, que un mes más tarde se escapará de su cautiverio en Antioquia. A las dos semanas de su fuga, las mismas FARC anuncian que liberarán —gracias a Hugo Chávez, por supuesto— a cuatro rehenes más: los ex congresistas Luis Eladio Pérez, Orlando Beltrán, Gloria Polanco y Jorge Gechem. El día siguiente, 27 de febrero, cumplen lo prometido, y de nuevo los helicópteros de la Cruz Roja sobrevuelan la selva del Guaviare hasta Caracas. Será la última liberación unilateral, dice la guerrilla; aunque dos semanas después dejarán ir a cuatro de los seis turistas raptados seis semanas atrás en una playa del departamento de Chocó, cercano a Panamá.

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Esta entrada fue publicada en 7 julio 2012 por en Colombia y etiquetada con , , , , , , , , , , , , , .
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