La otra cruz de Rubén Omar Romano

La década que poco a poco va terminándose dejó una nutrida galería de futbolistas latinoamericanos que pasaron por el secuestro de un familiar. Los brasileños, cómo no, se llevaron la palma en los titulares de la prensa internacional: ahí están los casos de Robinho, Luis Fabiano, Rogério y tantos otros.

Desde luego, no fueron los únicos. Los hinchas argentinos, eternos rivales de sus vecinos, suelen decir que la alegría futbolística no es sólo brasileña. La angustia de tener un pariente secuestrado tampoco fue una exclusiva del país de Ronaldinho durante los primeros años de este siglo. Baste mencionar a los padres, madres o hijos de jugadores argentinos, paraguayos o mexicanos que también fueron blanco de las mafias del rapto. ¿Quieren saber más? Lean el libro.

Desde que el crack argentino Alfredo Di Stéfano fue raptado en Venezuela en 1963, el tema ha dado para mucho. Hoy nos centraremos en el rapto futbolístico más mediático de la década en la nueva capital del secuestro: el Distrito Federal de México. Esta vez la víctima fue Rubén Omar Romano, el entrenador argentino de Deportivo Cruz Azul, la Máquina Celeste, formado como director técnico en el país azteca.

Era el 19 de julio de 2005 cuando su camioneta fue embestida a la salida de un entrenamiento, y varios hombres se lo llevaron a punta de pistola. Pasó 65 días vendado y atado a una cama en una casa de tres plantas en Iztapalapa, al este del DF. La familia contrató a una empresa privada y pidió silencio a la prensa, aunque su padre pidió públicamente por su vida. Al mes del secuestro se supo que les exigieron cinco millones de dólares por su vida, y que Romano se contactó varias veces con los suyos.

Cuando el campeonato mexicano ya iba por la octava jornada, Romano fue liberado durante un operativo de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI). Minutos después, las cámaras captaron a un Romano con barba y ocho kilos menos agradeciendo a todos su liberación (ver fotogalería aquí, y ver vídeo aquí).

Ese mismo fin de semana, la hinchada de Cruz Azul le ovacionó durante su emotivo regreso al trabajo. A pesar de su aspecto demacrado declaró que sus captores le trataron bien e incluso le daban cigarrillos, aunque las amenazas subieron de tono la última semana. Su secuestro fue planeado desde la cárcel por el líder de la banda Los Canchola.

Dos días después, el mismo Diego Armando Maradona le entrevistó vía satélite en su programa La Noche del 10; Romano le agradeció a Maradona sus palabras de aliento durante el cautiverio. Como en tantos otros casos, declaró que lo que le sostuvo fue la fe en Dios.

Otros detalles del secuestro, como cuando Romano debió decirle a su hija que lo habían drogado para cortarle un dedo, pueden leerse en esta entrevista que le hicieron en Univisión.

Romano también dijo que nunca se le pasó por la cabeza abandonar México, aunque desde entonces los grandes equipos de futbol mexicanos dieron directivas nuevas a sus planteles: no conducir coches muy lujosos, que varios jugadores vayan a entrenar en un solo vehículo, e incluso no llevar pulseras de oro fuera de los entrenamientos.

Abilio Diniz y la conexión Chile-Canadá

Cuando uno se encuentra con casos como el de Abilio Diniz, todas las horas dedicadas a este blog cobran sentido. Porque una cosa es leer esta historia resumida en el capítulo sobre el secuestro en Brasil de nuestro ignoto libro. Y otra es complementar la información con un post relleno de fotos y links, que dan una idea cabal de la importancia del episodio en Brasil y en el extranjero, de sus ramificaciones y de lo que se escribió en su día sobre el mismo. Así da gusto.

El empresario Abilio Diniz es el dueño del emporio de supermercados Grupo Pão de Açúcar, y de la octava mayor fortuna de Brasil en 2007 según la revista Forbes. Ya era millonario el 11 de diciembre de 1989, cuando varios hombres lo secuestraron de camino a su oficina en São Paulo. Usaron una falsa ambulancia para bloquear su vehículo, y exigieron 30 millones de dólares por su libertad.

La policía detuvo a seis implicados en pocos días, y tras un cerco de 36 horas los diez secuestradores (cuatro chilenos, tres argentinos, dos canadienses y un brasileño) se rindieron el 17 de diciembre. El propio Diniz recuerda aquellos días en su autobiografía, de la cual aquí se pueden leer algunos fragmentos.

Los autores del secuestro pertenecían al chileno Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Años después se vinculó al MIR con el secuestro del publicista brasileño Washington Olivetto, un caso que comparte muchas similitudes con el de Diniz y del cual hablaremos más adelante. Los responsables del cautiverio de Diniz fueron condenados a penas entre 26 y 28 años de cárcel.

La cosa no terminó aquí. En 1998, los sentenciados iniciaron una huelga de hambre de 46 días, la más larga habida en Brasil hasta entonces. Incluso el hoy premier brasileño Lula da Silva visitó a los presos, intercedió por ellos ante el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso y debió soportar críticas a su partido. El mismo Lula recordó aquellos días ante Diniz, durante el 60 aniversario del Grupo Pão de Açúcar en 2008 (ver artículo publicado en Folha de São Paulo).

Diez años después del caso, varios ex miembros del MIR recordaron el caso Diniz en un artículo publicado en Istoé. Pero la campaña de victimización de los secuestradores fue más lejos: se verá más adelante en el caso Olivetto, y lo veremos ahora con la pareja de jóvenes canadienses de clase media alta implicados en el caso.

Christine Lamont y David Spencer contactaron con grupos de izquierda guerrillera en Centroamérica durante la década de 1980, después de lo cual se implicaron con el grupo del MIT que llevó a cabo el rapto de Diniz. Ambos pasaron casi una década en el mítico penal de Carandiru, hoy derruido, y sin dejar de proclamar su inocencia a los medios de ambos países

No les fue mal. En 1998 el gobierno de Cardoso firmó un acuerdo de intercambio de presos entre Brasil y Canadá, y ambos fueron extraditados a su país natal. Fueron liberados a los tres meses, y desaparecieron del mapa. Folha publicó en su día que la pareja vivía felizmente con nombres falsos en las afueras de Vancouver, donde estudiaban en la universidad y trabajaban en la industria cinematográfica local.

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Los canadienses implicados (foto: Veja)

Sin embargo, ni Spencer ni Lamont eran inocentes. Basta leer las pruebas aportadas en el premiado libro See No Evil publicado por la periodista canadiense Isabel Vincent, que le hizo ganarse la antipatía de una prensa local empeñada en la inocencia de la pareja. En 1996, la propia Christine Lamont confesó que tanto ella como Spencer participaron activamente en el secuestro de Diniz. Ya sea víctima o victimario, ser extranjero marca la diferencia a la hora de hablar de secuestros en América Latina.

Katharina Peter Rafael

Aunque aún no vimos Vicky Cristina Barcelona, esta historia sería como el negativo de la película protagonizada por Penélope Cruz, Scarlett Johansson y Javier Bardem. Pero sin arte, sin sexo y sin bares de diseño.

Woody Allen filmó las experiencias de dos norteamericanas de vacaciones en la Ciudad Condal. Katharina Koller, Peter Kirsten Rabitsch y Rafael Rodríguez  eran europeos (alemana, austríaco, español) de viaje por Bolivia, como tantos que un día fuimos mochileros con la idea de recorrer mundo. La prueba de que viajar sienta bien es esta estupenda foto de Katharina y Peter:

Llevaban dos meses de viaje cuando llegaron a La Paz en autobús procedentes de Copacabana, un 26 de enero de 2006. En la estación terminal, un falso turista les propuso compartir un taxi. Otro falso viajero se les sumó durante el trayecto. Un falso control policial encontró que uno de los “turistas” llevaba drogas, y los llevaron a una falsa comisaría. Allí, obligaron a la pareja a dar sus tarjetas bancarias con el código secreto.

Encerraron a Katharina y Peter en el primer piso de una casa en Moraflores, cerca del barrio universitario de La Paz. En la planta baja, los secuestradores también tenían al turista español Rafael Rodríguez, que habían raptado el 22 de enero.

Rafael Rodríguez

La tarde del 28, les dijeron a Katharina y Peter que los iban a liberar. Seis hombres, en presencia de varios testigos, los ataron de pies y manos y los asfixiaron. Dos días después, Rafael fue trasladado a otra casa en Pura Pura, donde lo asesinaron a tiros. El 30, los tres cuerpos fueron enterrados en un cementerio ilegal de las afueras, a cambio de algo de dinero y cinco botellas de licor.

Dos días antes del secuestro, la madre de Peter le escribió por mail que tuviera cuidado, porque había leído cosas sobre el secuestro en Latinoamérica. El mismo día, Peter le contestó que la gente era amigable, que esas cosas pasaban sobre todo en Colombia y que la mayoría de latinos sólo quería vivir en paz.

Las familias de los jóvenes bloquearon sus cuentas y contrataron investigadores privados, pero fue en vano. Algunos de sus captores habían sido detenidos meses antes, pero fueron liberados en seguida. Siguieron secuestrando turistas extranjeros.

Después de la tragedia, los familiares crearon el blog Katharina and Peter, en que relatan en detalle (en inglés y alemán) todo este calvario. También incluye consejos para mochileros, y muchos testimonios de otros que pasaron por situaciones similares viajando por Latinoamérica.

En el relato del caso el blog también incluye dos vídeos de los secuestradores retirando efectivo de las cuentas de Katharina y Peter en un cajero automático, días después de asesinarlos. En el primero lo logran; en el segundo, las cuentas ya han sido bloqueadas.

Por todo esto, Katharina, Peter y Rafael están en nuestro libro y en el mosaico que encabeza este blog.

Marcha por Rodolfo en Buenos Aires

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Rodolfo González (foto: Clarín)
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Marcha por Rodolfo (foto: Clarín)

Antes de seguir con nuestra galería de víctimas, un detalle obligado de actualidad. Ayer hubo una manifestación en el barrio de Saavadra en Buenos Aires, en protesta por el secuestro y asesinato del joven de 18 años Rodolfo González, que sucedió esta semana. La noticia encabezó la portada de Clarín del pasado miércoles, el mismo día en que la colombiana Ingrid Betancourt visitaba Buenos Aires en su gira por Latinoamérica.

Cuatro años atrás, un caso muy similar (el asesinato del joven Axel Blumberg) provocaba una de las marchas cívicas más masivas de la democracia argentina. Y a nosotros nos provocó ganas de escribir sobre el secuestro en Argentina y América Latina, después de años sin publicar nada. El tema nos atrapó tanto que tardamos cuatro años en terminar este libro, que de momento sólo está en este blog.

Fue un trabajo descomunal, y llovió mucho desde entonces, pero lo hicimos porque quisimos. El tiempo pasa, las historias se repiten. Ayer la gente salió a la calle para aplaudir y corear el nombre de un muchacho muerto, para abrazar a un padre desorientado y a una madre abrazada a la foto de su hijo. Algunos políticos y medios, ya más acostumbrados a estas reacciones populares que cuando Axel Blumberg apareció en un descampado, exprimirán el caso por unos días. Y a otra cosa.

Hace una semana dijimos que dejaríamos la estricta actualidad a un lado. Pero es lo malo de un tema como este: que los casos se parecen tanto entre sí. A Axel y Rodolfo los separan cuatro años. Hoy las protestas son menos masivas, más “controladas”, no sorprenden tanto. Ayer, muchos chicos lloraban en la marcha. Pero el poder ya aprendió a reaccionar con rapidez y gestos mecánicos: presencia, condolencia, discurso firme. La inseguridad ya es un arma que unos saben manejar mejor que otros en beneficio propio. El miedo también da de comer a unos cuantos. Para el resto, es como un aderezo que dejamos que añadieran a nuestro menú diario. Primero sabía amargo, ahora ni le sentimos el sabor.

Las manos de Pedro Galindo

Todavía quedan unas cuantas fotos sin identificar en el mosaico que encabeza este blog. Así que le toca el turno a Pedro Galindo, protagonista de un anuncio en televisión que dio la vuelta al mundo.

Era septiembre de 2001 cuando secuestraron a este hijo de un empresario textil mexicano. Sus captores le amputaron varios dedos y se los enviaron a su familia. Su padre no lo soportó, y quien retomó las negociaciones por el rescate fue la esposa de Pedro, María Elena Morera, dirigente de México Unido Contra la Delincuencia (MUCD).

Al final la policía encontró a Galindo encadenado en una casa en Chalco. Cuatro años después, Pedro Galindo protagonizó este impactante anuncio del MUCD.

Hoy el MUCD de María Elena Morera es un referente en materia de seguridad en México, aunque iniciativas recientes como la marcha Iluminemos México han sido duramtente criticadas, por ejemplo, aquí.

Sentencia en el caso Canillas

Había que estar en la Argentina de 2002: la de después de la devaluación, del corralito financiero y de tantas pésimas noticias, cuyo espectro parece revivir en los sobresaltos de la crisis económica actual.

Ese año marcó el final y el inicio de muchas cosas. Por ejemplo, el final de la corta vida de Juan Manuel Canillas a manos de la llamada banda de los secuestradores VIP (llamados así porque viajaban en 4×4). Dos de los cuales acaban de ser condenados a cadena perpetua.

A Juan Manuel lo mataron en julio de 2002, el mismo día en que tres hombres lo capturaron en su propio coche y le obligaron a llamar a sus padres. Cuando el vehículo llegó a la casa de éstos en el barrio porteño de Núñez, uno de los tres captores golpeó a su padre porque sólo habían logrado reunir 700 pesos. Minutos después se llevaron a Juan Manuel a Vicente López, donde le hicieron arrodillarse y lo asesinaron de un tiro en la espalda.

Fue un 12 de julio de 2002. Los secuestros extorsivos y exprés aún sorprendían, como sorprendía ver a los cartoneros, o a niños revolviendo basura o pasados de paco (pasta base) en Buenos Aires. Todas ellas cosas de todos los días en 2008: este mes, por ejemplo, se hizo público que la provincia de Buenos Aires registra un secuestro cada 55 horas.

Juan Manuel fue la primera víctima mortal de un secuestro en la Argentina post-default. Hubo protestas, se lo recordó, y luego vinieron otras víctimas, y otras, y otras más. Hoy sus padres celebran la sentencia, al mismo tiempo que en la Plaza de Mayo se hacía la cuarta marcha de vecinos del conurbano bonaerense ante la enésima crisis de inseguridad.

Juan Manuel no está. Sus captores pasarán su vida entre rejas. Pero en cierto modo, si uno mira atrás, todo sigue igual o peor. Lo que ayer escandalizaba hoy casi aburre. Los debates y declaraciones son los mismos año tras año (lean el libro). Los problemas de raíz siguen, y ya no hay shopping que los tape. Juan Manuel fue el primero de tantos. Y pensar que en 2002, con lo nefasto que fue, los argentinos estaban mejor que ahora.

Día de la Madre sin Sofía Herrera

Otra de actualidad. Hoy en Argentina se celebra el Día de la Madre, y además se disputa el superclásico de fútbol Boca-River. ¿Y qué tienen ambas cosas que ver con este blog?

Antes del inicio del partido, los hinchas de ambos equipos verán una gigantografía con el rostro de Sofía Yasmín Herrera, la niña de tres años desaparecida el pasado 28 de septiembre en la provincia sureña de Tierra del Fuego. Su madre llegó ayer a Buenos Aires, donde fue recibida por las Madres del Dolor y se entrevistó con la presidenta Cristina Fernández y el ministro Aníbal Fernández.

Sofía está desaparecida desde aquel domingo 28 en que fue con sus padres a un camping en Río Grande. Autoridades, medios de comunicación y sociedad civil la buscan desde entonces. Apareció parte de su ropa, y se habla de varios mensajes recibidos por SMS, de una petición de rescate y de una posible deuda de juego del padre, entre otros rumores sin confirmar.

La familia ha creado una página para ayudar en la búsqueda de Sofía, con datos de contacto, fotos y este vídeo: