Revelaciones sobre el cautiverio de Betancourt & cía.

(Foto: EFE / El País)

(Foto: EFE / El País)

Casi nadie reparó en ellos el pasado julio, durante la operación de rescate más televisada del siglo en la selva colombiana. El teleobjetivo del mundo seguía pegado a Ingrid Betancourt y a sus paisanos, mientras estos tres estadounidenses volaban hacia Estados Unidos sin hacer declaraciones.

Y eso que habían masticado durante años las mismas miserias que sus compañeros colombianos de cautiverio. Además, su presencia entre los rehenes de las FARC movilizó los enormes recursos de inteligencia norteamericanos para conseguir su liberación.

Si Ingrid Betancourt ha sido el símbolo mundial de los secuestrados durante esta década, Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell fueron los invitados de piedra a la fiesta de su rescate en julio de 2008. Bueno, por fin rompieron el silencio, y hoy el mundo enmudeció ante sus revelaciones sobre su experiencia, recogidas en un libro.

La que queda peor parada es la propia Betancourt, como reflejan los titulares. La pintan como insensible, egoísta, mandona y poco solidaria durante su calvario. Tampoco se salvan varios de sus compañeros, ni por supuesto los propios guerrilleros de las FARC. Raciones de comida escamoteadas, captores que drogan al bebé Emmanuel Rojas para que no llore, rencores y hasta propuestas de sexo revolotean por las páginas de la obra.

¿Pero no era Ingrid la Juana de Arco colombiana, y los rehenes los mártires inocentes de la era digital? ¿Será que a partir de ahora debemos verla como una vil manipuladora de su tragedia, que ayer fingía contricción ante las cámaras mientras hoy se baña en bikini en Miami?

Alto ahí. ¿No será más bien que entre todos nos hemos creado un personaje a medida (el Rehén Desvalido entre Carceleros Inmundos) para nuestra compasión televisada (se llame Ingrid Betancourt, Luis Eladio Pérez, Clara Rojas o como sea)?

Tal vez el problema no sean ellos (al fin y al cabo, seres humanos sometidos a una vida de porquería durante años), sino nosotros. En medio del tsunami de comentarios maliciosos que la noticia levantará, haríamos bien en preguntarnos cómo reaccionaríamos en semejante situación. Y si todo este tiempo no preferimos crearnos Nuestra Ingrid antes que la ambiciosa política y autora de La rabia en el corazón.

Y no se trata de defender o atacar a nadie. Cada uno de los rehenes sabrá lo que vio y lo que vivió, lo que cuenta y lo que calla. Hay experiencias que sacan lo mejor y lo peor de una persona. Pero este post no se dirige tanto a ellos como a nosotros mismos, empeñados en creernos nuestros propios simulacros de verdades sin rascar un poquito la superficie.

Tampoco estuvo mal convertir a Ingrid en un icono, si eso ayudó a liberarla. Y no pocos ganaron crédito con ello: Uribe, Chávez, Sarkozy, los Kirchner. Pero ahora no nos regodeemos en embarrar una imagen inmaculada que nos erigimos solitos. Entre los altares y las cloacas se está a ras de suelo, donde las cosas se ven como son. Y mientras discutimos, en el mundo real siguen las tomas de rehenes y secuestros desde Venezuela hasta Pakistán.

~ por losojosdelavictima en 27 Febrero 2009.

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